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Angel Marino

 

Los domingos en la noche plaza Italia es un oasis, los habitantes quieren beber de sus fuentes y empaparse con el néctar de la vida, pero no saben que se están envenenando y secando la piel para siempre. Quienes deambulan por ella, son los seres más sospechosos del Santiago noctámbulo. Observando, la policía vestida de verde se pasea impune por los recovecos claros y oscuros de los bares, esperan con ansias el encuentro fortuito con proxenetas y traficantes. La orden de estos individuos no es atraparlos al instante, sino esperar que los otros actúen, para capturarlos en el acto de cometer cualquier infracción que sobrepase lo normado por las leyes escritas. Uno de ellos me detiene en la calle y me dice, con rostro de circunstancia y anonimato: Somos bestias huevón, ¿no ves que somos unos verdaderos bestias hijos de puta?

Entro a la primera fuente de soda que encuentro abierta y me siento en la barra, donde todo es más barato. A la espera de una cerveza y de unos completos de tomate y mayonesa, baratos y roñosos, se sienta al lado una mujer que debe tener unos cuarenta años. Habla y fuma con avidez el cigarro sin filtro, pide gin con gin y un cenicero, además un posillo con maní salado y pasas. Tengo mi libreta abierta. Me observa con detención. Implora.

Anota… 

Una vez era como tú, perpetraba versos en papeles blancos y luego los botaba a la basura para quemarlos con alcohol…

Te voy a contar una historia muy resumida y grande…escucha… un verano, un viaje, un joven, muy joven, más joven que tú tal vez, sale del mar y se presenta ante mí, es un pariente … un colapso, una madrugada de pieles sudadas, ¿un amor instantáneo como una fotografía? … pasan los años… nos vemos cuando lo llamo, siempre que podemos encontrar un tiempo… ¿qué era el tiempo en esos momentos?

Otra noche… copas… vino blanco… ojos… bocas… lecturas incendiarias y absurdas… marihuana… libros, muchos libros… palabras, muchísimas palabras vacías, su oído está ahí para escucharme llorar… gemidos… caricias… el viento frío que entra por una ventana viene desde la costa… su cuerpo siempre dispuesto se entrega… eternidad… silencio, mucho silencio… se va un tiempo de mi lado… está enfermo de mí presencia…

Pasan pocos  años…voy envejeciendo… mis manos se arrugan, cada día que pasa aparece una nueva arruga, pienso que soy una calamidad aunque aún tengo 34 años… nos vemos en casa de un pariente, nos encontramos en medio de un pasillo observando una marina que ha pintado la dueña de casa… continúa hermoso, como un ángel marino… salió literalmente de las aguas del océano cuando lo vì por primera vez… ponemos al día todo lo  de nosotros, hablamos, me mira sinceramente… me cuenta que tiene un tío en La Soborne… que ha viajado y toma algunos cursos de arte en París … que su pintor predilecto es Rembrandt… tiene miles de proyectos, está vivo… mientras pienso que muero un poco más cada día sin dejar de observar sus ojos marinos… quiero besarlo… tenerlo una vez más dentro de mí…palpitando…

Él ha comenzado a escribir… tiene un rasguño en su frente y para siempre… el tío lo ve y lo encuentra bueno, dice que es un buen libro, que tal vez le consigan una casa editora… ¿quién está también en el libro? … Me cuenta que aparezco en lo que está escribiendo, soy una pequeña gran historia dentro de su historia, soy una niña fiera… se ríe … estudió medicina, ahora es médico, filosofo, científico, nunca se ha casado y yo tengo dos hijos… es alguien muy sabio… no lo he vuelto a ver, hace tres años…siento que es una historia inconclusa, jamás se terminará… hablamos, le pregunto por qué salgo en su historia y me dice que todo texto de un escritor es autobiográfico, que las historias son más fuertes cuando son las propias, las que se llevan al papel… tu tienes los mismos ojos de pena que tiene él…

La escucho perplejo, por un momento quiero llorar. Pero luego siento una felicidad enorme.

Se levanta y va a sentarse frente a otro hombre que nos observaba con sus ojos celestes y profundos, es viejo y canoso, tan gastado como ella. Se ve como todos los otros, petrificado junto al tiempo, en la noche interminable que transcurre en este maldito bar de Plaza Italia.


 

 

  • 1 year ago
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Textos y Fotos:
Andres Mancini
andresmancini@gmail.com

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